perfeccionismo | agosto
anoche soñé que estaba tomando una clase en una mansión abandonada de la colonia Moderna. algo del esplendor de los 1900s se notaba aún debajo del grafitti, en las paredes blancas y celestes. la casa tenía varios patios, y hacía tiempo que se había transformado en okupa, por eso podíamos ir a clase. quizás algunas habitaciones se habían construido después, porque sus líneas limpias y sencillas me recordaban más al estructuralismo de medio siglo. había ventanas enormes y luz eléctrica. no sé si B y yo nos quedábamos al fin de la clase, pero sé que se hacía tarde, muy tarde, y que teníamos que correr. huíamos por pasillos y jardines interminables, de la policía, de alguien desconocido a quien temíamos encontrar, y durante la huida perdíamos tiempo saludando a diferentes personajes que habitaban partes de la casa. recuerdo enredaderas, era un sueño vago e intenso a la vez, y no es el primer sueño que me pone en una casa laberíntica.
también en el sueño hacía calor. es la canícula. agosto 19, entre la humedad y los mosquitos el sol muerde. de noche cuesta muchísimo enfriarse, y no tolero que nadie duerma conmigo. sé que las cápsulas de magnesio le están subiendo el volumen a mis sueños, pero la compañía de mi perro, que se pega a mí y cuya temperatura corporal es casi febril, acaba por matar mis posibilidades de descanso. hace años me dijeron que cuando una sueña no descansa, porque el cerebro no entra en fase de sueño profundo al soñar. quizá por eso, aunque duerma nueve, doce horas, no descanso suficiente; mi vida dormida es más emocionante que lo que vivo en vigilia.
escribo muy poco por acá porque le temo a la imperfección, aunque sé que lo único perfecto es lo completo. el problema es que casi nunca siento que completo lo que empiezo, siempre me falta algo, siempre hay un ángulo que examinar de último minuto. soy un hámster en una carrera eterna, parece. constantemente me quedo corta ante los desafíos que la vida me presenta, y lo poco que hago es insuficiente, tanto como mi descanso. tal vez ahí radica el verdadero asunto: no descanso, porque estoy hipervigilante, porque apenas si estoy sobreviviendo. mi cuerpo está permanentemente inundado de cortisol, tanto que ni las dosis más altas de lorazepam, ni el THC me bajaban la ansiedad. no sentía nada. y cuando estoy así, sobreviviendo, no me queda espacio ni energías para refinar habilidades, para crear, para imaginar. es un milagro que estas palabras hayan salido de mis dedos. puede ser que poco a poco voy dejando la mera supervivencia para empezar a ponerme cómoda en mi propia piel, mi hueco en el mundo.
el jurado todavía está deliberando al respecto.